BULWARK — Defend Your Tower GAME
Llega una oleada. Una segunda. Una tercera. Las siluetas mecánicas avanzan en tromba por las colinas, y lo único entre ellas y el polvo eres tú — tu arma, tu torre, tu mano en el gatillo.
Toca para disparar. Ese es tu único deber. Lee el carril. Apunta el proyectil. Aprieta el gatillo antes de que la línea se rompa. Aguanta cada segundo de cada oleada, porque en cuanto un solo enemigo toca la piedra, la aguja empieza a caer.
Entre combates, forjas. Mejoras el arma. Refuerzas capa a capa los muros del bastión. Racionas un especial — una onda expansiva para barrer el campo, un hielo para congelar la tormenta, un meteoro para partirle el espinazo a un jefe. Cada elección es una vida menos perdida.
Un retador espera en la octava oleada. Otro más duro tras la decimoséptima. A las puertas de la vigesimoquinta, el peor de todos — y solo unos pocos llegan vivos a enfrentarlo.
No hay manual. No hay atajo. Solo está la línea, y el silencio después.
Defiende tu torre. O muere en el intento.

